MINI CURSO PRODUCTIVIDAD EMPRENDEDORA

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CLASE 5

CLASE 6

CLASE 7

Mis mejores consejos para mejorar tu productividad emprendedora

La clase de hoy incluye LO MEJOR que puedes empezar a hacer hoy mismo para disparar tu productividad emprendedora.  ¡HOY LO DOY TODO!

NÚMERO #1  DEJAR ATRÁS EL COLAPSO


Hay ocasiones en las que estamos tan completamente absorbidas por la falta de resultados, que somos incapaces de ver más allá de nuestro malestar y frustración.

Tal vez llevas días (meses, o años!) durmiendo mal, sintiendo que no hay por dónde reconducir la situación, que por mucho que hagas, no  consigues encontrar la forma de organizarte mejor...

Completamente estresada y agotada; tan engullida por ese agujero negro en el que has caído, que no tienes fuerzas ni para levantar un poco la cabeza y ver qué soluciones podrías encontrar…

Y es que cuando llegamos a esos extremos de desesperación, cuesta muchísimo encontrar la claridad y motivación necesarias para cambiar las cosas.

Si te sientes identificada con esto, es probable que te dé vergüenza hablar de ello, que tengas miedo a que otros piensen que eres débil, que son todo tonterías y que estás haciendo un mundo de algo que realmente no tiene importancia o te vengan con la cantinela de “ya te dije que no funcionaría…“.

Eso es lo último que necesitas escuchar en esos momentos.

Pero lo cierto es que tus emociones son brutalmente reales, y que cuanto más tiempo sigas negando la situación, más complicado va a ser para ti dar ese primer paso que te llevará a cambiar por fin las cosas.

Voy a compartir contigo algunos pasos que creo que te pueden ayudar a salir de ese atolladero en el que llevas anclada demasiado tiempo.

 

Olvídate por completo del aspecto de tu casa y tus problemas para organizarte

 

Por COMPLETO.

No quiero que sigas mirando aquí y allá y lamentándote por lo mal que está todo.

Basta.

Cierra tu mirada a esa parte de tu vida, déjala en pausa, olvida todo lo que tienes pendiente de hacer y vuelve la vista hacia ti.   ¿Cuánto hace que no cuidas de ti misma?

 

Tus Momentos

 

Coge un bolígrafo y papel y escribe ahora mismo 5 cosas que realmente te encante hacer, las 5 primeras que se te ocurran.

¡Sin censurarlas!

Dormir, tomar un café con una amiga, salir a correr, hacer punto de cruz, leer, cocinar, tomar una ducha sin interrupciones….

Son tus momentos especiales, tuyos y de nadie más.

 

Crea el espacio para mimarte

 

Durante la próxima semana, asegúrate de hacer por lo menos una de esas actividades placenteras a diario.

¡Sin excusas!

Hay tareas de todas las duraciones, da igual si un día sólo puedes tomarte un baño relajante de 10 minutos, son tus 10 minutos.

 

Dime con quién andas…

 

Fíjate en las personas con las que te relacionas en estos momentos, da igual si es a nivel presencial, telefónico o virtual.

¿Con qué tipo de personas te estás relacionando?

¿Cuáles son las conversaciones que mantienes a diario?

¿Qué tipo de mensajes recibes de esas personas?

¿Son personas felices, resolutivas y ambiciosas?

¿O por lo contrario son personas tristes, resignadas y sin iniciativa?

Si te das cuenta de que pasas la mayor parte del tiempo con personas que te roban la energía, la ilusión y las ganas de vivir, apártalas de tu vida; tal vez de momento sea sólo un distanciamiento temporal, más adelante ya decidirás si quieres recuperar el contacto.

Concéntrate en pasar el mayor tiempo posible con personas con iniciativa, positivas, generosas y con ganas de crecer.

 

Ayuno de Contenidos

 

Es probable que te encuentres en una fase de parálisis por exceso de análisis, esto sucede cuando tienes demasiadas opciones: empiezas a comparar una con otra, analizas y vuelves a analizar y vuelves a la casilla de salida sin haber tomado una decisión.

Para poder conectar con tus verdaderas necesidades empieza una dieta de desinformación.

Desconecta de todo lo que puedas, deja de buscar respuestas en internet, de consultar redes sociales, deshabilita sistemas de mensajería instantánea, etc.

Tómate un descanso digital de toda esa información que no es necesaria para tu día a día.

Deja atrás ese bombardeo de contenidos variados y diversos que sólo sirven para que te disperses e invierte todo ese tiempo en quererte y mimarte.

 

Tu recarga de energía

 

Cada vez que te descubras a ti misma activando ese patrón de pensamientos que te lleva a pensar que eres un desastre dale al STOP.

En lugar de eso, siéntate con tu/s hijx/s, túmbate con ellxs en la cama y dedícate a observarles, fíjate en cómo sonríen, en cómo se emocionan por cada pequeña cosa, en cómo tienen un interés genuino por las cosas y deja que te contagien de ese espíritu que lo cree todo posible.

Deja atrás los juicios, las críticas o los reproches, habla con ellxs, abrázales, bésales y conecta con la emoción que experimentas en esos momentos.

Nuestrxs hijxs no nos quieren por lo que conseguimos, ellos no nos juzgan, nos aceptan tal y como somos y nos adoran por ser la mejor madre que pueden tener.

Dedica el tiempo que sea necesario a romper con todo aquello que no te ayuda a mejorar ni a sentirte bien, reconecta con lo que verdaderamente es importante y cuando sientas que por fin las cosas vuelven a estar en su lugar, decide qué incorporas de nuevo en tu vida.



NÚMERO #2  DIFERENCIAR LO IMPORTANTE DE LO URGENTE


Si eres como la mayoría de nuevas mamás emprendedoras, en estos momentos debes tener una lista enorme de tareas por hacer que no para de crecer porque:

  1. No tienes ni idea de por dónde empezar.
  2.  Todo te parece igual de importante.
  3. Te da miedo avanzar en la tarea equivocada.

La incapacidad para decidir qué hacer primero y ser capaces de descifrar qué tarea nos va a permitir avanzar en la dirección correcta, es algo con lo que tenemos que lidiar a menudo.

Es más, muchos de los problemas que tenemos para organizarnos se originan precisamente en este punto: la dificultad para distinguir lo que es urgente de lo que es importante.

Así es como llenamos nuestras agendas de tareas y actividades de lo más diversas, pero al llegar el final del día (sorpresa, sorpresa), parece que no hemos avanzado en nada.

Aprender a priorizar es algo que nos interesa a todas, precisamente porque tenemos muchas cosas que hacer, ¡demasiadas cosas que hacer! Y nunca tenemos tiempo ni recursos suficientes...


¡No tengo tiempo!
¡Estoy a full!
¡No me da la vida!


¿Te suena?

Este tipo de expresiones nos colocan en una posición en la que estamos esperando a que algo externo a nosotras ocurra para tener más tiempo.

Convencidas de que con más tiempo disponible podríamos hacer más cosas.

Pero lo cierto es que no suele tratarse de un problema de falta de tiempo, sino de nuestra incapacidad para saber administrarlo correctamente.

La pura realidad es que si tienes problemas para saber organizarte, ya podrías tener días de 48 horas, que seguirías sintiendo que no tienes tiempo para todo.

Es por esto que no necesitas tener más tiempo (de hecho no lo vas a tener, hagas lo que hagas), lo que necesitas es saber qué hacer contigo misma en el tiempo que tienes.

Y ahí es cuando entran en juego nuestras prioridades.

Tú puedes hacer cualquier cosa, pero no puedes hacerlo todo.

David Allen.

Cuando no tienes claras tus prioridades,  no sólo tú misma no tienes un criterio para decidir qué hacer primero, sino que quedas a merced de otras personas que sí tienen claro lo que quieren, ya sea tu jefe, un familiar, amigos…

Así es como de repente sin saber cómo ni por qué, nos encontramos resolviendo problemas de otros, atendiendo sus peticiones y reaccionando sin control a lo que sucede a nuestro alrededor.

Si quieres optimizar tu tiempo necesitas tener claras las tareas en las que vas a enfocarte y también aquellas que puedes dejar para más tarde o directamente dejar caer de tu lista de tareas pendientes.


¿Pero cómo saber qué es lo más importante en cada momento?


¿Cuál es la tarea que más te acercará a tus metas?

¿Sabes distinguir lo que es una auténtica prioridad de lo que puede esperar?

Una manera buenísima de clasificar las tareas y poder distinguir lo urgente de lo importante, es usar la matriz de Prioridades de Eisenhower.

Se trata de una herramienta que te ayuda a priorizar basándote en la urgencia y la importancia de cada tarea y también te simplifica la toma de decisiones,  al permitirte identificar qué deberías hacer con cada tarea.

La matriz se compone de dos ejes principales:

1)  La importancia de la tarea.

2) La urgencia de la tarea.

Las actividades son más o menos importantes en función de si te ayudan a conseguir tus objetivos o no.

La importancia está relacionada con la contribución de esa tarea en nuestros objetivos a largo plazo o nuestro propósito de vida.

¿Esto tendrá importancia dentro de un mes, un año, 5, ó 10? 

Si la respuesta es NO, entonces no es importante.  

Déjalo para más adelante o directamente, elimínalo de tu lista.


Y una tarea urgente es aquella que requiere nuestra atención inmediata.  

Normalmente resulta fácil identificar las tareas urgentes puesto que los problemas son llamativos y escandalosos y captan tu atención, pero a veces catalogamos en exceso como urgentes tareas que realmente no lo son.

Estamos programados genéticamente para responder a lo urgente, porque lo urgente en el mundo primitivo era un león a punto de saltar sobre ti, o una tribu enemiga que atacaba.


Y ese predominio de lo urgente lo llevamos al mundo actual, en el que pasan cosas mucho menos amenazadoras como recibir un e-mail, pero reaccionamos de forma inmediata como si nos fuera la vida en ello.

Hay una pregunta muy simple que te ayudará a ver con claridad si algo es urgente o no: 

¿Y si no lo hago ahora, ¿qué puede pasar?  

Si la respuesta es NADA, entonces no es urgente.

Cuando combinamos las 2 dimensiones de la matriz obtenemos 4 cuadrantes que nos permiten separar nuestras actividades por su nivel de importancia y de urgencia.


Cuadrante #1:  Importante y urgente


Son tareas que están alineadas con tus objetivos y que también requieren atención inmediata.  

Son tareas que debes hacer en primer lugar porque son básicas para ti o tu carrera profesional y tienen que hacerse sí o sí de forma inaplazable.

Posponer tareas importantes y urgentes tendría consecuencias negativas, así que esto es lo que hay que atacar primero.

Ejemplos:

  • Tu bebé llorando.
  • Tu casa en llamas.
  • Tu web caída el día que pones a la venta tu primer infoproducto.

Lo ideal es que esta lista fuera bastante corta, así que es importante separar lo que son tus verdaderas urgencias de las urgencias de otra persona.

Pero también pueden ser actividades que en su origen no eran urgentes, y que una falta de planificación ha provocado que acaben explotando en el último momento.  Por lo que acaban causando estrés y malestar de forma innecesaria. 


Cuadrante #2:  Importante pero no urgente


Son las cosas que realmente aportan felicidad y bienestar a tu vida, pero no requieren atención inmediata.

Paradójicamente, las cosas más importantes de nuestra vida normalmente no son urgentes.

Pasar tiempo en familia, comer bien, hacer ejercicio, cuidar de ti misma, aprender cosas nuevas…

No es algo urgente, pero es importante cuidar todos estos aspectos para evitar que acaben saltando al cuadrante número uno.

Aquí es donde deberíamos invertir la mayor parte de nuestro tiempo.

Es un cuadrante totalmente alineado con nuestros objetivos a largo plazo, la diferencia es que podemos decidir cuándo vamos a dedicar tiempo a estas tareas.

Por eso es básico que reservemos tiempo para todo esto antes de que se conviertan en urgentes innecesariamente.

Por ejemplo ir descuidando nuestra salud hasta que tenemos un buen susto que nos hace replantearnos nuestro estilo de vida.


En el otro lado del cuadrante tenemos las actividades que NO son importantes.


Cuadrante #3:  No importante pero urgente


En realidad suelen ser tareas que son urgentes para otras personas, pero que no están alineadas con tus objetivos.

Si a menudo sientes que has dedicado demasiado tiempo a una tarea irrelevante, es probable que hayas quedado atrapada en este cuadrante.

Esto suele ocurrir cuando nos ponemos a solucionar encargos que nos han hecho otras personas pero que no están directamente relacionados con nuestras metas.

Algunos ejemplos: 

  • Responder inmediatamente a nuestras llamadas.
  • Atender todas las interrupciones.
  • Responder inmediatamente a cualquier email o notificación en una red social….


Este tipo de tareas nos hacen perder el foco y desbarajustan nuestro plan de trabajo.

Tendemos a considerar cualquier interrupción como si fuera importante, cuando realmente, la mayoría de estas cosas pueden esperar.


Cuadrante #4:  Ni importante ni urgente


Este es un cuadrante que hay que evitar a toda costa.

Fíjate, tareas que no son ni importantes ni urgentes pero aún y así nos empeñamos en dedicarles tiempo, lo que significa un auténtico desperdicio.

Si consigues identificar y eliminar todas las tareas que corresponden a este cuadrante, ganarás un montón de tiempo "extra" que podrás invertir en el cuadrante número dos.

Aquí es donde realmente se ve que el uso que hacemos de nuestro tiempo no es el mismo.

Algunos ejemplos: 

  • Jugar a videojuegos.
  • Quedar atrapada en las redes sociales sin ton ni son.
  • Ponerte a limpiar la cubertería de plata como si no hubiera mañana.

Lo cierto es que la mayoría de tareas que hay en este cuadrante nunca van a estar anotadas en tu de tareas pendientes, y a pesar de eso, es muy fácil destinarles tiempo sin habértelo propuesto.


Acciones a realizar en cada cuadrante


​​​​Teniendo claras las diferencias entre los diferentes cuadrantes, esto es lo que tienes que hacer:


  • IMPORTANTE Y URGENTE:  Hazlo inmediatamente.
  • IMPORTANTE PERO NO URGENTE: Planifícalo, asígnale un lugar en tu agenda lo antes posible.
  • NO IMPORTANTE PERO URGENTE:  Di no o delégalo en otra persona.
  • NI IMPORTANTE NI URGENTE:  Elimínalo o ignóralo.


Tu objetivo para aumentar tu productividad emprendedora


Bien, ahora que ya sabes cómo clasificar las diferentes tareas que componen tu día a día, apuesto a que te habrás dado cuenta de que pasas gran parte de tu tiempo atendiendo lo que es urgente.

Si la urgencia ha tomado el control sobre tu vida, te vas a encontrar apagando fuegos  permanentemente.

Esto te va a dejar sin tiempo para planificar y pensar por adelantado.

En lugar de decidir cuáles van a ser tus pasos, te vas a pasar el tiempo reaccionando a tu entorno.

Esta falta de planificación y anticipación, acabará provocando que otras tareas que originalmente no eran urgentes, lo acaben siendo, con lo que acabarás alimentando un círculo vicioso lleno de estrés y malestar que te absorberá por completo.

Pero trabajando de este modo ya sabes que lo que haces es simplemente reaccionar a lo que ocurre a tu alrededor, lo que te deja en una situación de indefensión y falta de control sobre tus resultados.

Para poder aumentar tu productividad emprendedora es imprescindible que tengas muy claros cuáles son tus objetivos y propósitos a largo plazo.


¿Qué es realmente importante para ti?
¿Qué quieres conseguir?
¿Qué visión tienes de tu vida dentro de 5, 10 ó 15 años?


Con tus respuestas en mente empieza a clasificar conscientemente tus actividades en cada uno de los cuadrantes.

En la parte superior  normalmente tendrás esas tareas que debes hacer tú, nadie puede sustituirte, son cosa tuya.

Lo siguiente para salir de este círculo vicioso es empezar a pasar más tiempo en el cuadrante número dos, esto hará que las tareas del cuadrante número 1 se vayan reduciendo progresivamente.

Pero ya hemos dicho que el tiempo del que dispones es el mismo, así que, ¿de dónde vas a sacar más tiempo para dedicarlo al cuadrante número 2?

A estas alturas supongo que ya lo has adivinado:  quitando tiempo de los cuadrantes 3 y 4.

Este es el auténtico secreto: saber identificar cada tarea para asignarla correctamente al cuadrante correspondiente.

Poniendo en práctica esta simple herramienta vas a ver como rápidamente tus días pasan a tener más horas y tu productividad emprendedora se disparará exponencialmente.


NÚMERO #3  VENCER EL PERFECCIONISMO


A menudo saber lo que tienes que hacer no significa que lo acabes haciendo, ¿verdad?

Cualquier persona que decide emprender online está familiarizada con los bloqueos que sufrimos antes de dar por bueno y sacar a la luz aquello en lo que estamos trabajando.

Nos cuesta muchísimo dar el OK a nuestro trabajo antes de hacerlo público.

Ya sea inaugurar nuestra página web, compartir un regalo para suscriptores o lanzar la página de ventas de un nuevo producto o servicio.

Parece que nunca llega el momento adecuado para hacerlo.

Somos capaces de pasarnos muchíiiiiiiiiisimos días (y muchíiiiiiiiiisimas noches) trabajando sobre lo mismo sin llegar a sentirnos realmente satisfechas con el resultado.

  • Que si esta tipografía no termina de convencerme.
  • Que si los colores no transmiten lo que quiero.
  • Que si parece muy cutre.
  • Que si es demasiado básico.
  • Que si esto no le va a gustar a nadie…

Encontramos ochocientas mil chorraditas que pulir antes de darle el visto bueno.

Y al fin y al cabo... ¿por qué?

Tú me dirás:  "Porque somos perfeccionistas".

Sí, sí, conozco el discurso, pero, ¿Qué se esconde detrás de ese afán de perfeccionismo? 

¿Tal vez la necesidad de tenerlo todo controlado?

Vayamos un paso más allá todavía, ¿Qué es lo que queremos controlar exactamente con nuestro deseo de perfección?


El sinsentido del perfeccionismo

 

Resulta que nos fijamos de antemano un estándar de calidad imposible de alcanzar y justamente por eso, porque es imposible de alcanzar, nos quedamos atrapadas en un bucle sin fin persiguiendo algo que ni remotamente conseguiremos alcanzar.

En muchos casos sentimos que debemos crear algo de calidad, de lo que estemos orgullosas, de lo que el resto del mundo esté orgulloso.

Esperamos Deseamos que elogien nuestro trabajo, que nos lluevan los cumplidos y el reconocimiento.

Si bien a todos nos puede parecer buena idea buscar la excelencia en lo que hacemos, cuando la perfección se convierte en una obsesión que nos domina y nos paraliza, se convierte en una auténtica asesina de sueños.

El ansía por perseguir la perfección es el motivo principal por el que personas muy talentosas y con muchísimo por aportar nunca llegarán a mostrar al mundo todo lo que son capaces de hacer.

¿Qué sentido tiene eso?

 

Fijémonos en los grandes

 

Imagínate a Mark Zuckerberg en el año 2004 dudando sobre si  lanzar la primera versión de Facebook o no.

Sentado en su casa esperando a tener la aplicación completamente desarrollada para conseguir enamorar a sus usuarios.

Probablemente nunca habríamos oído hablar de él porque otra persona le habría tomado la delantera.

Facebook empezó siendo un sitio para estudiantes de la Universidad de Harvard, no tienen nada que ver con el monstruo en el que se ha convertido hoy en día, pero sin esos inicios no habrían llegado a ser la red social con mayor número de usuarios a nivel mundial.

Fíjate en otro de los grandes como es el caso de Apple.

Apple, como muchas empresas pioneras, lanza al mercado sus productos sabiendo que tienen aspectos por pulir.

En 2007 lanzaron el primer iPhone, recibieron el feedback de la gente y lo mejoraron.

Normalmente a los pocos días de un lanzamiento ya suele estar disponible una actualización de software... Curioso, ¿verdad? ;-)

Precisamente porque la perfección es imposible de alcanzar salen al mercado nuevas  y mejores versiones de todo tipo de productos año tras año.

 

El éxito no es para los perfeccionistas

 

El mundo y la vida tal y como la conocemos está  evolucionando tan deprisa que todo el que no siga tomando imperfecta acción masiva se va a quedar atrás.

No hay lugar para los perfeccionistas, aquí sólo van a sobrevivir los que sigan haciendo cosas.

Mientras tú sigues dudando sobre si es un buen momento o no, habrá alguien que te tomará la delantera, y no, no serán necesariamente personas que sepan más o tengan más experiencia que tú, simplemente tomarán acción porque no dejarán que sus miedos sean más fuertes que sus sueños.

 

Necesidad de control

 

Querer hacerlo todo perfecto y no contentarnos con menos suele ser un síntoma de una fuerte necesidad de control.

En ese afán de tenerlo todo controlado, lo que se persigue es encontrar la forma de reducir al máximo el riesgo a equivocarte y evitar el tener que experimentar rechazo, vergüenza, críticas o dolor.

El perfeccionismo nace de un profundo miedo al fracaso y a ser criticada.

Creemos que la perfección nos va a proteger de cometer errores, cuando de hecho esas ansias de perfección lo que hacen es evitar que nos mostremos al mundo, que la gente nos conozca y los demás se beneficien de todo lo que podemos aportar.

Intentamos protegernos de los juicios externos porque secretamente sospechamos que los merecemos, y eso nos aterroriza.

Por eso el primer paso indispensable es hacer un cambio de chip y pasar del "Qué pensará la gente de mí" al "Yo ya soy suficiente".

Para vencer la  necesidad de perfección debes empezar por reconciliarte contigo misma, darte un respiro y apreciar todo lo que ya tienes, todo lo que eres capaz de aportar y todo el conocimiento y experiencia que contienen tus errores e imperfecciones.

 

La rueda de hámster del perfeccionismo

 

Es curioso que poniendo tanto empeño en evitar el fracaso, eso sea exactamente lo que se consiga.

Insistir en perseguir la perfección es una absoluta pérdida de tiempo por el simple hecho de que es inalcanzable.

En tu mente tienes una idea del perfecto resultado final que deseas, pero esa imagen es algo que nunca vas a poder alcanzar porque en realidad no existe.

Por otro lado, buscar la perfección hace que inviertas muuuuuucho tiempo en conquistas irrelevantes, tiempo que ya no vas a tener para dedicar a otras cosas que tal vez sí deberías estar haciendo.

Con el perfeccionismo lo que ocurre es que existe un profundo desequilibrio entre el tiempo que le dedicas a una tarea y el beneficio que te reporta.

 

La perfección están matando tu productividad

 

Al fin y al cabo la productividad consiste en producir algo, si no hay algo tangible, no podemos hablar de productividad.

Si nadie lo ve, no existe.

Una idea mediocre puesta en marcha siempre será mucho mejor que una idea perfecta guardada en un cajón.

Lo único que realmente importa al final del día son las acciones concretas que se han traducido en algo real.

Por eso siempre hecho es mejor que perfecto.

Ser perfecto no es realmente importante, lo que importa es que el trabajo esté hecho.

Sólo así se consiguen resultados.

 

Work in Progress

 

Como mamá emprendedora tengo muy claro que todo lo que hago está constantemente (y perpetuamente) en progreso.

Nunca hay una versión definitiva.

Regularmente tengo que actualizar mis cursos y contenidos, así como reciclar mis conocimientos y habilidades para poder seguir creciendo y contribuir a mejorar mi vida y la de los demás.

La vida es un proceso de mejora constante y eso me parece fascinante, porque en el fondo significa que nunca me voy a cansar, que nunca me voy a quedar sin trabajo por hacer, que siempre va a haber algo nuevo por descubrir y aprender.

De todos modos, no pierdas de vista que el mundo online cambia tan rápido que si no te mantienes en movimiento, corres el riesgo de quedar obsoleta rápidamente.

Mientras tú te quedas analizando pros y contras de tus decisiones, otra persona te va a tomar la delantera simplemente porque decidió dejar de pensar y empezar a actuar.

 

Hecho es mejor que perfecto

 

A mí me encanta la idea de empezar con la opción mínima viable.

Salir adelante con una versión reducida pero con lo imprescindible para empezar a rodar.

Una de las máximas del modelo Lean Startup es que, antes de gastar demasiado tiempo y dinero desarrollando un producto o servicio, lances una versión reducida para tantear el mercado.  

Es lo que se denomina Producto Mínimo Viable.

Siguiendo este planteamiento sales antes al mercado sin haber invertido un montón de recursos a ciegas.

Puedes ver qué funciona y qué no, no te la juegas a lo loco y luego tienes información muy valiosa para desarrollar una versión "definitiva".

¿Qué quiero decirte con todo esto?

Pues que debemos asumir que la primera versión siempre va a ser muy mierders xD

Esto es así, las primeras veces suelen dejar mucho que desear :P

Peeeero sin esa primera tentativa, no tendríamos información suficiente como para saber qué es lo que hay que mejorar.

 

Equivócate lo antes posible

 

La idea es equivocarnos lo antes posible con el menor despilfarro de recursos.

Si te centras en la idea de la versión mínima viable, no te pasarás meses y meses dándole vueltas a algo que puede que luego no funcione.

Si al final resulta que no sale como esperabas, no habrás perdido una cantidad ingente de tiempo perfeccionando algo que no era lo que tus seguidores estaban esperando.

Por ejemplo, ¿tienes dudas sobre si el curso que estás diseñando va a tener buena acogida?

Lanza una primera versión de prueba para un grupo reducido de personas:

Selecciona a un grupo de early adopters o beta-testers que probarán tu curso en petit comitè y te darán feedback para que puedas mejorarlo.

Ellos podrán beneficiarse de condiciones ventajosas como un precio muy reducido o algunos bonos.

Y tú, a cambio. tendrás un montón de información nueva que te permitirá mejorar tu producto o servicio antes de lanzarlo oficialmente al mercado.

La idea principal aquí es perder el miedo a equivocarte y empezar a equivocarte rápido.

 

La experiencia se adquiere andando

 

Empieza a ver tu trabajo diario como un proceso en constante movimiento, no como algo que llegarás a perfeccionar porque, normalmente el trabajo nunca termina.

Siempre habrá cambios, mejoras e innovaciones.

No tiene ningún sentido permanecer quieta esperando la perfección en un mundo en constante cambio.

Dejar de darle las vueltas a las cosas y toma acción.

Haz que suceda.

Si no lo haces, nunca vas a crecer.

Planta ahora la semilla de lo que ya tienes y deja que crezca.

 

A estas alturas ya lo habrás adivinado. Este post no es perfecto ni pretende serlo :P

Podría seguir recopilando información sobre los efectos del perfeccionismo durante semanas.

Podría adornarlo con tropecientos mil datos adicionales, curiosidades y anécdotas, pero el mensaje principal seguiría siendo el mismo.

He optado por ordenar la información que quería transmitirte, le he dado forma y he apretado el botón de publicar.

Y así lo que estaba en mi cabeza ha salido al mundo exterior.

Si quiero, la semana que viene o en algún momento en el futuro podré volver sobre este artículo y actualizarlo, añadir más reflexiones o simplemente incorporar información o matices que a día de hoy desconozco.

Pero tú no estarías leyendo este artículo si yo lo hubiera dejado en borradores esperando a que llegara el momento perfecto.

Prefiero pensar que con esta imperfecta acción he podido ayudarte en el momento justo en que lo estabas necesitando.

Te animo a hacer lo mismo a partir de ahora.

¡Escribe aquí debajo tu pregunta o comentario!

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